Conócete a través del eneagrama

El eneagrama es una tipología de la personalidad que mezcla elementos de la mística oriental con la psicología occidental. A través de los siglos, fue recogido y transmitido de forma oral por los sufíes. A principios del siglo XX, el maestro espiritual Gurdjieff lo introdujo en Occidente, pero no es hasta los años 60 cuando Oscar Ichazo nos lo transmite tal como hoy lo conocemos. Algunos de sus alumnos como el psiquiatra Claudio Naranjo o Helen Palmer, entre otros, continuaron con su estudio y difusión por Europa y Estados Unidos.

Su símbolo es una figura geométrica que representa los nueve tipos de personalidad (ennea, en griego significa nueve) que consideran básicos en la naturaleza humana.

A diferencia de otros sistemas de clasificación de la personalidad:

Utiliza números para designar los diferentes caracteres en lugar de etiquetas diagnósticas. Los números, a diferencia de las etiquetas, tienen un significado neutro. En la práctica, no obstante, se les siguen asociando nombres -como se verá en la descripción- si bien estos nombres no son tan estigmatizantes.

Se considera que ningún tipo es de por sí patológico, ni mejor o peor que otro. Cada uno tiene unas fuerzas que, dependiendo de cómo se gestionan, pueden impulsarle hacia arriba, hacia el crecimiento y desarrollo personal, o hacia abajo, hacia comportamientos más conflictivos. Es decir, dentro del mismo carácter o eneatipo podemos estar más o menos evolucionados, según tengamos más desarrolladas unas características u otras dentro de nuestra personalidad.

Su conocimiento te puede ayudar a comprenderte mejor, a conocer con mayor exactitud cuáles son tus fortalezas y tus debilidades y cómo puedes gestionarlas de la mejor manera posible. Constituye un excelente mapa para trabajar con nosotros mismos, aprovechar nuestros talentos y equilibrar rasgos problemáticos.

Actualmente se utiliza en muy diversos ámbitos, desde la psicoterapia y el coaching hasta el mundo empresarial, las escuelas de formación de actores y actrices, etc.

Te describo a continuación, y de forma muy esquemática, las principales características de cada tipo. Puedes, si te interesa, profundizar en este modelo consultando la abundante bibliografía que existe al respecto y/o asistir a talleres que se imparten sobre el mismo.

Tipo UNO: El/la perfeccionista.

Son perfeccionistas, meticulosos, autodisciplinados, responsables, hipercríticos consigo mismos y con los demás. Suelen anteponer el deber al placer. Tienden a la corrección en las formas y al control de sus reacciones. La imperfección les irrita. Están dotados de un alto sentido ético y moral. Su elevado nivel de exigencia les lleva a una fuerte ira interna, que reprimen y sólo manifiestan de forma racionalizada: corrigiéndose y corrigiendo a los demás, defendiendo con ahínco lo que creen justo.

En general, les conviene aprender a relajarse, permitir que la gente sea como es, escuchar a los demás y darse cuenta de que todos pueden tener algo de razón y de que no hay un solo modo correcto de hacer las cosas, perder el miedo a abandonar el control, vigilar su tendencia a trabajar más allá de sus límites, aprender a divertirse y a satisfacer mejor sus necesidades, y ser más flexibles consigo mismos y con sus demandas de perfección.

Tipo DOS: El/la que da

Necesitan que les necesiten para sentirse queridos, les gusta ayudar a los demás y sentirse imprescindibles. Tienden a descuidar sus propias necesidades para complacer a los otros, con la secreta esperanza de que de esta manera serán correspondidos sin tener que pedir. Les gusta ser amables y seducir. Las relaciones son lo más importante para ellos/as. Cuando el balance entre lo que dan y lo que reciben no está equilibrado, se sienten explotados y decepcionados. A veces, acaban manipulando para obtener lo que desean.

En general, les conviene aprender a ser más conscientes de las motivaciones ocultas que se esconden a veces detrás de su fachada de “generosidad”, saber reconocer y tomar más en cuenta sus propias necesidades y pedir directamente lo que quieren, aprender a decir “no”, no estar recordando tanto lo mucho que han hecho o están haciendo por los demás y ocuparse más de sí mismos.

Tipo TRES: El/la luchador/a

Son luchadores, competitivos, dinámicos, pragmáticos, socialmente brillantes, orientados a los logros. Tienden a dejar de lado sus sentimientos, especialmente los que podrían hacerles parecer “débiles” o descubrir su vulnerabilidad, para centrarse en conseguir objetivos profesionales, “triunfar” y adquirir status social. Camaleónicos y buenos vendedores de sí mismos, a menudo confunden la imagen que dan a los demás –su máscara- con su propio ser.

En general, les conviene aprender a ser más sinceros, honestos y transparentes, no amoldarse tanto a las expectativas de los demás para conseguir aprobación y éxito social, prestar más atención a los propios sentimientos y necesidades, darse tiempo para sentir, descansar y disfrutar, aprender a reconocer la diferencia entre éxito en el trabajo y éxito en la vida, entre la imagen que uno da y el mundo interno, entre lo que uno hace y lo que uno es.

Tipo CUATRO: El/la romántico/a.

Son románticos, sensibles, creativos, preocupados por la belleza y la estética, con tendencias artísticas. Buscan la intensidad emocional y el dramatismo para sentirse vivos. Rechazan la rutina y la vulgaridad. Se sienten diferentes y especiales. Tienen propensión a los altibajos emocionales, necesitan calor afectivo, compartir sus estados de ánimo, sentirse escuchados y queridos, vivir momentos únicos, intensos y excepcionales.

En general, les conviene aprender a vivir en el aquí y ahora, sin dejarse llevar por la nostalgia del pasado ni por ensoñaciones acerca del futuro, controlar su hábito de dramatizar excesivamente, aprender a distinguir entre sensaciones y hechos objetivos, cultivar intereses múltiples y amistades diversas para no caer en la depresión, evitar la autocompasión y desarrollar recursos para llevar adelante su vida.

Tipo CINCO: El/la observador/a

Son celosos de su intimidad y les gusta observar más que participar. Les cuesta expresar sus emociones y suelen mantener una actitud fría y distante, protegiéndose excesivamente del contacto con los demás. Estar demasiado tiempo con los demás, les fatiga. Necesitan reponer sus energías creando espacios personales de privacidad. Les gusta analizar, comprender y acumular conocimientos. Anteponen la reflexión a la acción. Tienden a ser independientes y autosuficientes. No les agrada sentirse invadidos y se sienten inseguros si se les hacen demasiadas demandas afectivas.

En general, les conviene bajar de la cabeza al corazón, aprender a tolerar sus sentimientos sin desconectarse y a no esconderse cuando los demás buscan una respuesta de ellos, aprender a compartir sus conocimientos y sus emociones para salir de su aislamiento, a actuar más y pensar menos, a involucrarse más con los demás y con la vida.

Tipo SEIS: El/la que duda

Les cuesta confiar en los demás, pero cuando lo hacen tienen un elevado sentido de la lealtad. Frente a la autoridad pueden mostrarse tanto sumisos como rebeldes, pero no indiferentes. Exageran los peligros y tienden a ser prudentes y temerosos, aunque hay un tipo de seis que niega su miedo y se enfrenta a él abiertamente. Están siempre alerta, hipervigilantes. Les dan muchas vueltas a las cosas antes de actuar y tienen muchas dudas. Poseen un estricto sentido del deber. Les agrada defender a los débiles.

En general, les conviene aprender a correr riesgos, a actuar aunque sientan miedo y a tomar decisiones para ganar confianza en sí mismos, a sacar menos las antenas hacia fuera y conectar más con su propio mundo interior, a creer más en los valores de fondo que en las normas o instituciones, a potenciar el pensamiento positivo y a responsabilizarse de las propias acciones sin ocultarse detrás de la autoridad.

Tipo SIETE: El/la epicúreo.

Se caracterizan por la búsqueda de placer, el hedonismo y el gusto por la aventura. Poseen una mente ágil y una gran imaginación y son conversadores brillantes y persuasivos, optimistas por naturaleza. Como contrapartida, les cuesta afrontar las realidades dolorosas de la vida. Intentan evadirse del aburrimiento y del dolor manteniendo altos niveles de excitación, realizando muchas actividades y dejando múltiples opciones abiertas. Adoran la novedad y estar continuamente en movimiento, pero les cuesta terminar lo que han empezado.

En general, les conviene aprender a llevar adelante los compromisos adquiridos en lugar de buscar continuamente la novedad y el cambio, saber establecer prioridades, aprender a afrontar el dolor cuando es necesario, resistiendo su tendencia a evadirse en la búsqueda compulsiva de placer o a exagerar el lado positivo de las cosas y aprender a profundizar más dando preferencia a la calidad antes que a la cantidad.

Tipo OCHO: El/la desafiador/a

Son viscerales, impulsivos, directos, dominantes. Por lo general, han desarrollado excesivamente su agresividad y su lado duro, en detrimento de su lado más tierno y sensible. Les gusta imponer sus propias reglas. Son combativos, pasionales. Se abren camino por la fuerza y tienden a saltarse las prohibiciones y los límites.  Sienten una gran energía que se manifiesta, sobre todo, a través de la ira. A menudo, buscan la confrontación para conocer las motivaciones del otro y situarlo como amigo o como enemigo. Les gusta defender a los débiles. Demuestran su afecto protegiendo, no a través de la ternura aunque tienen un gran corazón.

En general, les conviene aprender a controlar la ira y a dejar que se exprese su parte más vulnerable, su lado más femenino y sensible, escuchar más los sentimientos –propios y ajenos-, aprender a mirar a los demás con ojos más confiados en lugar de acorazarse, darse cuenta de que las cosas no son en blanco y negro y que cada cual puede tener su parte de razón y adaptarse más a las personas y situaciones sin querer tener el control de todo.

Tipo NUEVE: El/la mediador/a

Son conciliadores, bondadosos, buscan la armonía y la evitación de conflictos. Saben escuchar y son buenos mediadores, pero les asusta la confrontación y les cuesta decir “no”. Se pueden poner fácilmente en el lugar de los otros, pero tienden a olvidarse de sí mismos, fusionándose con los deseos de los demás. Necesitan tiempo para tomar decisiones. Les gusta la tranquilidad, la armonía, la comodidad y una cierta rutina. A menudo les cuesta diferenciar lo importante de lo secundario. En ocasiones, pueden “anestesiar” sus sentimientos  o mitigar su ansiedad comiendo o bebiendo en exceso, estableciendo rutinas o entreteniéndose con cualquier cosa.

En general, les conviene aprender a expresar las opiniones propias y afrontar de manera constructiva los conflictos y las diferencias en lugar de evitarlos para no destruir la “armonía”, darse cuenta de cuando empiezan a anestesiarse para desviar su atención de algo importante pero que les incomoda, aprender a establecer prioridades y tomar decisiones evitando perderse en cosas no esenciales y establecer límites y plazos para sus proyectos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s