Covid-19, una oportunidad para reflexionar

Escribo esto, a mediados de Septiembre del 2020, inmersos en la “segunda oleada” del coronavirus, y con un final que se vislumbra incierto pero con la esperanza de obtener una vacuna que nos permita recuperar –al menos hasta cierto punto- la “normalidad” en el plazo de unos meses.

A través de algunas lecturas y de los testimonios de diferentes personas recopilados en esos libros, he intentado resumir sus principales aportaciones con respecto a unos puntos básicos de reflexión necesarios, creo, para todos con la finalidad de que nos ayuden a asimilar y comprender mejor estos difíciles momentos que estamos viviendo y, sobre todo, a formularnos preguntas y extraer lecciones que puedan servirnos para mejorar aspectos de nuestra vida personal y de nuestro sistema de vida colectivo.

Veamos algunas de estas reflexiones agrupadas en dos apartados:

¿Qué podemos aprender de esta pandemia?

 . Lo primero, una lección de humildad: somos mucho más vulnerables y frágiles de lo que solemos creer. A pesar de todos los grandes progresos tecnológicos y médicos de los que nos enorgullecemos, un simple microorganismo, -invisible a los ojos humanos-, basta para tener en jaque a toda la humanidad.

. No podemos dar nada por sentado, ni siquiera las cosas más simples –como pasear, abrazar a un amigo, etc.-Todo puede cambiar en un momento. A menudo damos demasiada importancia a lo que no la tiene tanto (riqueza, éxito, etc.) e infravaloramos otras cosas de nuestra vida cotidiana que, aunque sencillas, no por ello son menos valiosas. Al tiempo que trabajamos para nuestro futuro y nos planteamos objetivos a largo plazo, debemos también aprender a disfrutar de los pequeños –o grandes- placeres que se nos brindan a cada momento, porque nunca sabemos lo que la vida nos deparará mañana.

. Necesitamos cambiar algunas prioridades y valores. Una de las cosas más importantes es la salud. Afirmaba Schopenhauer que nueve décimas partes de nuestra felicidad dependen de la salud y que “un mendigo con buena salud es más feliz que un rey enfermo”. Deberíamos potenciar nuestro sistema sanitario y dedicar más dinero a la investigación, entre otras cosas. El bienestar de las personas es más importante que el beneficio económico (que, a la larga, también se ve afectado si no se armoniza con el resto de valores)

. Algunas de las profesiones menos valoradas y más precarizadas (personal de limpieza, cajeros/as de los supermercados, auxiliares sanitarios, camioneros, agricultores, etc.) han devenido las más útiles en esta crisis. Promulguemos unas condiciones de vida más dignas para todos los trabajadores/as.

. Es importante tener gobiernos preparados, responsables y honestos, capaces de gestionar los problemas de la gente de forma eficaz y comprometida. Para ello, las personas debemos también ser responsables a la hora de elegir a nuestros representantes políticos.

. Esta crisis puede ser un aviso (y una oportunidad) para crear un mundo mejor, más justo y solidario, más sostenible y más respetuoso del medio ambiente. Para ello, deberíamos considerar seriamente si el modelo capitalista/consumista/neoliberal actual es el que más nos conviene, no sólo para conseguir una mejor calidad de vida para todos sino para algo tan básico como asegurar la supervivencia de la especie humana a medio o largo plazo. El covid-19 podría ser solamente un preámbulo de futuras catástrofes naturales, tal vez mucho más devastadoras.

. Deberíamos aprender a ser más generosos y solidarios, ya no sólo por razones éticas sino porque las grandes desigualdades económicas ponen en peligro el bienestar global (e incluso la supervivencia) de toda la humanidad. Pongamos el ejemplo que ha salido estos días en la prensa de los temporeros recogedores de fruta: contratados en condiciones precarias, muchos de ellos no han podido cumplir las condiciones higiénicas recomendadas y, como consecuencia de ello, han contribuido a aumentar el número de contagios por coronavirus. Aunque no nos lo parezca, todos vamos de alguna manera en el mismo barco y lo que les pase a otros, tarde o temprano, nos puede afectar a todos, sólo es cuestión de tiempo. Y puede afectar a nuestra economía (crisis financieras), a nuestra salud (epidemias, desastres ecológicos), a nuestra seguridad (aumento de la delincuencia, atentados terroristas, guerras), etc.

. No “necesitamos” tantas cosas como creemos. Podríamos llevar una vida más sencilla y más gratificante, con menos cosas superfluas pero también con menos deudas y más tiempo libre para dedicarnos a nosotros mismos, a nuestra familia y amigos, a nuestras aficiones y a todo aquello que es realmente importante en la vida. En estos días de confinamiento, muchos de nosotros nos hemos visto obligados a prescindir de objetos o experiencias que creíamos indispensables (un ordenador, un móvil o una nevera que se han estropeado, un viaje que se ha tenido que anular, etc.), sin que por ello el mundo se haya venido abajo. La obsesión consumista de nuestros días no compensa suficientemente el malestar que se deriva de ella.

. En las crisis queda más evidente tanto la grandeza como la pequeñez del ser humano. Mientras unos se desviven para paliar o contener los efectos de la pandemia, otros se saltan alegremente las normas de seguridad poniendo en riesgo la salud y la economía colectiva, o se dedican a poner palos en las ruedas de los que están trabajando de forma responsable en lugar de colaborar con ellos/ellas. No creo que haga falta concretar más, todos sabemos de quiénes estamos hablando.

. Por más que se repita que todos somos iguales ante la pandemia, que los virus no distinguen diferencias de clase, etc. la triste realidad es que lo pasan mucho peor los estratos más desfavorecidos de la sociedad (más contagios, más muertes, más inseguridad económica). Incluso el confinamiento es vivido de forma diferente por unos y por otros. Por ejemplo, hay niños que no pueden acceder a las clases online por no disponer de conexiones a Internet.

¿En qué medida cambiará el mundo después de la pandemia?

Aquí, las informaciones recogidas a través de entrevistas y encuestas presentan opiniones divergentes: desde aquellos que creen que el mundo cambiará poco o nada hasta quienes muestran esperanza en una deriva hacia un mundo más justo y solidario, menos consumista, más volcado hacia aquellos valores realmente importantes para el bienestar de todos.

Los primeros afirman que la historia demuestra que olvidamos con mucha facilidad y tendemos a volver a nuestras rutinas y problemas particulares (zona de confort) en cuanto ha pasado el peligro, y que muchos buenos propósitos se desvanecerán cuando hayamos conseguido una vacuna y/o un tratamiento eficaz para la pandemia. Algunos, un poco más optimistas, creen que de manera individual unos pocos sí reflexionarán y serán capaces de cambiar algunos hábitos y valores, mientras que a nivel colectivo algo quedará de las aspiraciones de estos días (se dará más importancia a la sanidad y a la educación, se cuidará más el medio ambiente, etc.)

Por su parte, los más optimistas creen que ya nada volverá a ser igual que antes y que la sociedad, en su conjunto, cambiará hacia otro modelo de vida más sostenible, con ciudadanos más responsables y conscientes, etc.

Personalmente, me inclino a pensar que nada va a ser exactamente igual que antes pero que tampoco habrá  cambios espectaculares que demuestren que hemos llegado a una etapa de mayor madurez personal y colectiva. Pero, si conseguimos ser un poco más conscientes y solidarios, habremos dado ya un gran paso. El tiempo dirá. Mientras tanto, responsabilicémonos cada uno de nuestra pequeña parte de ese cambio, intentemos aportar a pesar de todo nuestro pequeño granito de arena para crear un mundo mejor. El cambio empieza dentro de uno mismo. Empecemos por ahí.

Bibliografía:

  • Daniel Pérez: El día que se paró el mundo. Amazon, 2020.
  • Jordi Évole: Confinados: historias de una pandemia que paralizó el mundo. Planeta, 2020.
  • Discurso de Pepe Mújica en la ONU. 2013

4 comentarios en “Covid-19, una oportunidad para reflexionar

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