Cómo el pasado nos influye de forma inconsciente

Primera influencia: la herencia de nuestro pasado evolutivo, los instintos

Nacemos equipados con dos instintos básicos: el de supervivencia y el de reproducción. Es algo innato en nosotros que no precisa de aprendizaje alguno y que nos impulsa a actuar de forma automática, inconsciente (aunque posteriormente le demos una explicación racional: por ejemplo, “como porque tengo hambre”)

Los instintos son mucho más fuertes que el simple deseo y están presentes en todos los seres vivos. Nadie puede escapar del impulso sexual, ni de luchar por la supervivencia si ésta se encuentra amenazada.

La parte inconsciente/instintiva de nuestro cerebro es anterior a la parte consciente/racional, tanto en el curso de la evolución humana como en el desarrollo individual de cada persona (en el niño también aparece antes). Y, si bien es más “primitiva”, es mucho más rápida en su respuesta que la parte consciente: por ejemplo, ante un peligro reacciona antes de que nuestro cerebro haya procesado la información, antes de que nos hayamos dicho “apártate que viene un camión” ya hemos pegado un salto para echarnos a un lado. Y una fracción de segundo puede implicar a veces la diferencia entre la vida y la muerte.

El cerebro humano ha ido evolucionando de esa forma “primitiva” guiada por impulsos a un cerebro más “sofisticado”, controlado por nuestra parte consciente, por nuestro lenguaje verbal. Pero, este cerebro ancestral convive con nuestro cerebro lógico y, a veces, eso acarrea problemas de “compatibilidad” de los que no somos conscientes.

Segunda influencia: nuestra infancia temprana.

Las tendencias o pulsiones innatas que se desarrollaron en nosotros para ayudarnos a sobrevivir a lo largo de la evolución humana, interactúan también con lo que vivimos en nuestras primeras experiencias con nuestros padres o cuidadores, de las que no guardamos ningún recuerdo consciente a pesar de que tendrán una influencia decisiva en nuestra vida adulta, sobre todo a nivel de confianza o desconfianza hacia los demás y hacia el mundo en general.

John Bowlby habla de “apego seguro e inseguro” para referirse al resultado de estas experiencias tempranas. Podéis profundizar más en ello a través de esos conceptos.

Tercera influencia: nuestra cultura.

Nuestro entorno cultural es la tercera vía a través de la cual nuestro pasado oculto sigue influyéndonos, sin que nos demos realmente cuenta de la manera en que lo hace. Nos envuelve por todas partes, con sus valores, creencias y prejuicios, pero la vemos tan “natural” como ven los peces el agua que les rodea. No nos parece que pueda ser de otra manera, no nos parece que podamos contemplar la vida de una forma diferente. Y, sin embargo, si hubiéramos nacido en otro país, o en otra época, tendríamos una visión distinta de las cosas.

Esos valores se transmiten de formas muy diversas, no necesariamente perceptibles para el receptor ni conscientes por parte del emisor. Involuntariamente, podemos transferir incluso prejuicios sin ser conscientes de que los tenemos.

Conclusiones

Podemos concluir que, si bien no somos robots totalmente manipulados por estímulos externos, tampoco tenemos un control totalmente autónomo y consciente de nuestros procesos mentales y de nuestra conducta. En realidad, se da una interacción constante entre procesos conscientes (lógica racional) e inconscientes (instintos o pulsiones).

 

Bibliografía:

    • John Bargh: ¿Por qué hacemos lo que hacemos?: El poder del inconsciente. Penguin Random House, 2018

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