¿El siglo de la soledad?

Introducción

Según Noreena Hertz, autora de El siglo de la soledad, la soledad no es únicamente falta de amor o cariño sino que también está relacionada con sentirnos desatendidos o excluidos –económica, social o políticamente- por la sociedad.

Es un sentimiento doloroso que se ha visto fuertemente agravado con la aparición del coronavirus y por ciertos cambios sociopolíticos y culturales en las últimas décadas. Por ejemplo, la emigración masiva de los pueblos a las ciudades, la aparición de los teléfonos móviles y redes sociales, Internet, los cambios en el mercado laboral, el consumismo exacerbado, la codicia ilimitada de los más poderosos, las políticas de austeridad y de recortes sociales, la exaltación del individualismo y el modelo de competitividad despiadada promovidos por políticas neoliberales…

Todo ello ha provocado una profunda alteración no sólo de las condiciones económicas sino también de los hábitos y de las relaciones personales poniendo la hipercompetitividad, la ambición desmesurada y los intereses personales por encima de otros valores como la solidaridad y la búsqueda del bien común.

Como resultado de todo ello, cada vez hacemos menos cosas juntos, estamos más estresados y nos sentimos más desconectados de todo, incluso de nosotros mismos. Y nos importan menos las necesidades de los demás, centrados alrededor de nuestro ego personal.

Deshumanización tecnológica y precariedad laboral

Se han empezado a efectuar procesos de selección laboral por parte de máquinas cuyo software, a través de unos algoritmos, interpreta la idoneidad de sus candidatos. Con ello, el proceso es mucho más opaco y deshumanizado, y el candidato se encuentra más impotente y desorientado a merced de prejuicios y otras variables ocultas que desconoce.

Por otro lado, en muchos trabajos se está implantando un software de vigilancia cada vez más sofisticado, que evalúa no sólo el rendimiento sino también otros aspectos más personales. Cada vez, se va acercando esto más al Gran Hermano, dice Jaume Sisa en El comptador d’estrelles.

Si a ello sumamos la creciente precariedad laboral –iniciada durante la crisis del 2008- y que puede agravarse con la aparición de la pandemia del coronavirus… Y que en un futuro no muy lejano, los robots –inteligencia artificial- acabarán sustituyendo a la mayoría de trabajadores –primero los menos cualificados y progresivamente a todos los demás- el panorama es desolador à si se cumplen las peores predicciones, habrá un sistema en virtud del cual unos pocos elegidos tendrán aptitudes que no están al alcance de ningún robot, otros pocos elegidos que se encargarán de manejar y mantener las máquinas y una minoría que las tendrán en propiedad, mientras que el resto pasaremos a formar parte de la escoria económica y social.

Todo esto se podría frenar mediante iniciativas legislativas de los gobiernos para controlar los abusos, empresas más responsables, trabajadores agrupados en sindicatos para defender sus derechos, etc.

Sexo, amor y robots

Ya se están comercializando los llamados robots sociales, diseñados para ejercer el papel de amigos, cuidadores o acompañantes. Hasta la fecha, están pensados sobre todo para las personas mayores pero, poco a poco, sus funciones se van a extender a otros colectivos como personas que se sienten solas o/y tengan dificultades para relacionarse.

Cada vez van apareciendo modelos de robots más sofisticados, capaces de interactuar con los humanos de forma más eficaz y menos rígida. Su software, dotado de una inteligencia artificial que permite que sus compradores moldeen algunas de sus características a su gusto –por ejemplo, rasgos de temperamento o carácter- puede, además, aprender de sus usuarios para ajustarse mejor a su personalidad y necesidades.

Todo ello plantea ventajas, tales como: a) un trato más igualitario de los robots hacia sus usuarios porque son amables y diligentes con todas las personas, independientemente de que éstas sean jóvenes o viejas, guapas o feas, etc.  b) a la larga, se supone que alcanzarán una mayor capacidad de empatía y comprensión hacia sus usuarios que las propias personas     c) relaciones más fáciles, menos exigentes que con seres humanos reales    d) diversos estudios demuestran que el “amor” o atención de los robots, aunque sepamos que son fingidos, no parece importarnos demasiado.

Pero también hay importantes riesgos: a) ¿llegaremos a preferir el trato con robots que con personas? Y como consecuencia de ello ¿iremos perdiendo nuestras habilidades sociales y nuestra capacidad de comunicarnos con los demás?    b) ¿la forma en que tratemos a los robots –por ejemplo, con despotismo o violencia- influirá negativamente en nuestro comportamiento con los demás? ¿deberemos programar a los robots para que nos enseñen a comunicarnos correctamente?

De cualquier forma, la tecnología sólo puede paliar en parte la crisis de soledad de n/ siglo.

El poder de las experiencias grupales y de los llamados “terceros espacios” para paliar la soledad      

Los actos multitudinarios (por ejemplo, festivales de música u otras manifestaciones grupales) aportan un sentido de comunidad / fraternidad que, a menudo, es más valorado que los objetivos específicos del acto concreto. También son importantes para la cohesión social y la reducción del sentimiento de soledad los llamados “terceros espacios” (bares, pequeños negocios, etc.) donde recibimos una atención más personalizada y podemos interactuar con otros. Por ello, deberíamos cuidarlos y protegerlos.

De todas maneras, el espíritu comunitario requiere que las personas “hagamos” de verdad cosas juntos, y no sólo que “estemos juntos” (pero cada cual vaya a su bola).

Alternativas posibles

Humanizar el capitalismo (neoliberal), de manera que podamos conciliar el afán de lucro económico y la consecución del “éxito” individual con la solidaridad, la justicia y el bienestar social de la sociedad en su conjunto.

Que nuestros líderes políticos y empresariales se ocupen más de la justicia social y la protección de los más vulnerables destinando más recursos a la sanidad, la educación y los servicios sociales; potenciando espacios comunitarios de encuentro, el voluntariado solidario y el trabajo comunitario (que podría llegar a hacerse, incluso, obligatorio); aumentado los impuestos a los más ricos y persiguiendo con mayor eficacia los llamados paraísos fiscales; combatiendo la precariedad laboral y reforzando el poder de los sindicatos, etc.

Ser conscientes de nuestra responsabilidad personal en todo el proceso. La sociedad no se construye únicamente de arriba abajo: nosotros también la creamos y podemos pasar de consumidores a ciudadanos, de tomadores a dadores, de observadores a participantes activos. Para ello, deberíamos correr menos, pararnos más a hablar, salir de nuestra burbuja (digital o lo que sea) y de nuestra lucha por el “éxito” individual (no se puede conseguir a despensas del social) y volvernos más amables y solidarios con todos.

BIBLIOGRAFÍA Hertz, Noreena: El siglo de la soledad (esta entrada es un resumen personal de los puntos más importantes del libro)

NOTA IMPORTANTE: Si te gusta mi blog,  RECUERDA QUE puedes recibir directamente en tu correo electrónico las nuevas entradas que vaya publicando, a través del botón “subscribe” al final de la página de inicio.  Estaré encantado de que me sigas! . Y si te ha gustado esta entrada, no olvides clicar al botón «me gusta» situado más abajo. Gracias!

4 comentarios en “¿El siglo de la soledad?

  1. Una Sociedad,que cada vez,va mas a un individualismo,no tiene sentido.Todo es un escaparete,el «pienso luego existo»,,ahora es mas bien «me ven luego existo».Si no pensamos por nosotros mismos,los demas pensaran por nosotros,y nos llevaran por sus caminos hacia no sabemos donde.
    Como diria Descartes,»Una vida no examinada,no tiene sentido «..
    Pensemos y examinemos porque todo tiene su logica.

    Me gusta

  2. No sé si has visto esto antes, pero hay un robot llamado Ameca cuyas expresiones faciales son extraordinariamente humanas. https://www.youtube.com/watch?v=LzBUm31Vn3k Como siempre, la tecnología es una herramienta, pero asusta un poco. Hay una fe ciega en la tecnología y en la superioridad humana. Si continuamos con nuestro sistema económico y social tal como está, creo que el cambio climático le ganará la carrera al hombre, no el robot. Estoy de acuerdo contigo: tenemos un rol que jugar, a ver si consumimos menos y revaluamos lo que es la humanidad.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s