Cómo tomar buenas decisiones

Dan Heath y Chip Heath, autores del libro Decídete, recomiendan lo siguiente:

Evita una visión demasiado estrecha

Tendemos a plantearnos nuestras opciones en términos demasiado limitados: “¿Hago esto o aquello?, ¿A o B?” en lugar de, pongamos: “¿De qué maneras podría conseguir X?”, es decir intentando contemplar el problema desde una perspectiva más amplia, con un mayor número de alternativas (siempre las hay si somos lo suficientemente creativos).

Por ejemplo, en lugar de “¿Dejo ese trabajo o no?”, podrías plantearte: “¿Cómo me gustaría mejorar mi situación laboral?”, ¿quiero ganar más dinero, sentirme más realizado, tener más libertad, etc.? ¿y de qué diferentes maneras se me ocurre que podría acercarme a este objetivo?

Conviene, de todas formas, limitar un poco el número de alternativas para poderlas manejar y no quedarnos totalmente abrumados por ellas.

 Otras preguntas importantes a considerar para ampliar nuestro campo de visión serían:

¿A qué renuncio tomando tal o cual decisión?” o ¿qué otra cosa podría hacer si descartase esta opción? Por ejemplo: “si me compro un coche más barato, podría permitirme unas vacaciones a Escocia”.

“Y si…?  Por ejemplo: “¿Y si en lugar de un coche me comprara una moto?”, ¿Y si en lugar de gastar dinero en comprar esto o aquello, intentara trabajar menos y disfrutar más de lo que tengo?”. Aquí conviene ser atrevido en las preguntas, sin demasiada censura previa, tiempo habrá de ir eliminando lo que no nos parezca correcto en un análisis posterior.

“Si no pudiera hacer alguna o ninguna de las cosas que estoy barajando, ¿qué más podría hacer?Se trata de estirar al máximo las posibilidades.

Considera combinar varias opciones

En lugar de escoger sólo una de las opciones planteadas y excluir todas las demás, contempla la posibilidad de combinar varias de ellas: “cojo este elemento de A, este otro de C y aquel de D, y construyo una nueva alternativa”. Es como confeccionar una tela con retales de diferentes colores.

Siguiendo con el ejemplo anterior, podrías decidir comprar una moto en lugar de un coche y destinar una parte de los ahorros para hacer unas vacaciones modestas, al tiempo que a partir del año que viene, te planteas trabajar menos horas y gastar menos en cosas superfluas.

También, a la hora de considerar opciones podemos guiarnos por varios objetivos en lugar de por uno solo. Por ejemplo, una actitud ahorrativa no tiene que ser necesariamente contraria a una visión hedonista de la vida. Podemos gastar menos en cosas superfluas y más en aquello que nos aporte realmente placer o felicidad y acabar economizando. O podemos potenciar actividades menos costosas monetariamente pero más placenteras o significativas para nosotros. O combinar una actitud prudente (en algunas cosas) con otra más arriesgada (en otras).

La clave aquí está en la pluralidad y en intentar ser creativos y flexibles.

Busca a alguien que haya solucionado un problema parecido (o hurga en tus recuerdos personales)

Te puedes preguntar: “¿Quién más se ha enfrentado al mismo problema o cuestión, y qué puedo aprender de él/ella?” Puedes buscar entre personas cercanas o totalmente lejanas en tiempo o espacio (por ejemplo, leyendo una biografía, viendo un documental o, incluso, explorando personajes de ficción).

Por ejemplo, supongamos que padeces TOC (trastorno obsesivo compulsivo) y lees las experiencias de alguien que ha superado ese trastorno con éxito. O no sabes adónde ir de vacaciones, y pides consejo a un amigo tuyo que es un viajero experimentado.

También puedes recordar cómo has resuelto problemas parecidos en el pasado. Casi siempre podemos encontrar, al menos, algunas “pistas”. No es preciso que hayamos tenido éxito al cien por cien, ni que la cuestión a que nos enfrentamos antes sea exactamente igual a la actual. Algunas similitudes, utilizadas creativamente, nos pueden valer.

Por ejemplo, te preguntas si sería apropiado cambiar de trabajo en estos momentos. Nunca antes has cambiado de trabajo, o no lo has hecho en las circunstancias actuales pero intentas recordar cómo has tomado otras decisiones importantes en tu vida en las que has corrido riesgos similares y te ha ido bien: ¿qué puedes aprender de tu pasado?, ¿cómo evaluaste los riesgos?, ¿qué tácticas empleaste? etc.

Plantéate lo contrario

Pregúntate: ¿Cómo podría convencerme de que la peor opción que considero es, en realidad, la mejor? Busca argumentos para apoyar esto. Se trata de ejercer el rol de “abogado del diablo”: sostener puntos de vista contrarios para ver los puntos débiles del argumento original y enriquecer nuestra visión del problema.

Aleja o acerca el «zoom»

Intenta combinar una visión general con un primer plano.

Por ejemplo, en el caso de un político que se presenta a unas elecciones, una visión en primer plano podría ser contactar directamente con los votantes. Y una visión general, analizar los resultados de encuestas de intención de voto.

O si te planteas comprar un piso, puedes obtener una visión general de las ofertas a través de Idealista o Fotocasa y, al mismo tiempo, visitar algunos pisos concretos anunciados.

Realiza pequeños experimentos

Para poner a prueba tus opciones. Por más a fondo que examinemos una idea, por más información que reunamos, a veces no es suficiente para ver con claridad el futuro y necesitamos probar nuestras hipótesis en la medida de lo posible.

Por ejemplo, si te planteas irte a vivir a Australia, antes de tomar ninguna decisión definitiva, podrías irte a pasar un mes de vacaciones allí para tantear el terreno.

No te dejes arrastrar por las emociones del momento

Las acciones impulsivas, generadas pòr emociones a corto plazo, nos pueden llevar a decisiones desafortunadas a largo plazo.  Las emociones fuertes nublan nuestra razón y nos impiden ver todas las consecuencias de lo que estamos haciendo o queremos hacer. Por ello, a veces nos conviene tomar distancia para poder ver de forma más objetiva.

Por ejemplo, una pelea fuerte con tu jefe puede llevarte a la tentación de dejar definitivamente tu trabajo. Pero, antes de tomar esta decisión, conviene que dejes pasar unos días, lo hables con otras personas cercanas, analices pros y contras, etc.

Focalízate en tus prioridades

Establece el núcleo de tus prioridades, el objetivo u objetivos más importantes para ti a la hora de emprender una acción o resolver un problema. Y tenlo presente a lo largo de todo el proceso.

Por ejemplo, si consideras cambiar de trabajo, plantéate qué es lo más importante para ti en ese cambio: ¿ganar más dinero?, ¿conseguir un mejor ambiente entre compañeros?, ¿sentirte más realizado a nivel profesional?, ¿aprender cosas nuevas? Ten claro tu propósito nuclear antes de optar por una opción u otra.

Y si sientes que estás ante una decisión especialmente difícil o angustiante, pregúntate si tienes un conflicto entre varias prioridades. Y si es así, considera si sería posible armonizar de alguna manera ambas prioridades. O si no, a cuál decides otorgarle mayor peso.

Por ejemplo, si la determinación de cambiar de trabajo te angustia mucho, ¿podría ser que veas difícil elegir entre ganar más dinero o hacer el trabajo que más te gusta?, ¿podrías buscar un equilibrio entre ambas opciones?, etc.

Y nunca dejes que lo “urgente” (a corto plazo) pase por delante de lo “importante” (a largo plazo).

Y recuerda que centrarse en lo prioritario implica, asimismo, dejar muchas cosas secundarias. Es aquello de que “quién mucho abarca, poco aprieta”: la fuerza se dispersa y los resultados pueden ser mediocres o contradictorios.

Prepárate para gestionar los (mejores y peores) resultados posibles de tus decisiones

Considera toda una gama de resultados y consecuencias posibles de la decisión o decisiones que vayas a tomar y observa los dos extremos: lo mejor y lo peor de lo que te podría ocurrir. Debes estar preparado para gestionar ambos.

Para ello, pregúntate: ¿qué probabilidades hay de que esto suceda?, ¿de qué gravedad serían las consecuencias o qué desafío me plantearía?, ¿cómo puedo anticiparme para reducir su impacto o gestionarlo de la mejor manera posible?, etc.

Por ejemplo, si contemplas un cambio de trabajo, podrías anticipar que lo mejor que te podría ocurrir es que te asciendan al cabo de un tiempo a un puesto de mayor responsabilidad (con todos lo cambios que esto conllevara): ¿estarías preparado para este desafío?. Y lo peor, que no te renovaran el contrato: ¿cómo te las arreglarías si esto llegara a suceder? Dependiendo de la probabilidad estimada de lo uno y de lo otro, y de tus recursos personales para afrontarlo, podrías pensar en moverte hacia una dirección o hacia otra. Supongamos: intentar reducir tus gastos personales para ir ahorrando un poco cada mes, pensar en seguir preparándote y aprendiendo cosas de tu profesión, mantener contactos con otros profesionales de tu campo a través de las redes sociales, comentar todo esto con tus personas más próximas para recabar apoyos en caso necesario, etc.

Bibliografía:

  • Dan Heath & Chip Heath: Decídete. Cómo tomar mejores decisiones en la vida y el trabajo. Planeta, 2014

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